Gatti y Asociados

jueves, 24 de diciembre de 2009

La Calle de los Naranjos

La Calle de los Naranjos es un restaurante de interesante cocina de autor que se encuentra sobre 25 de Mayo 272, pleno casco histórico de San Isidro y a 2 cuadras de la Catedral (Avenida del Libertador al 16300)


Anoche fue la primera vez que cenaba en un restaurante sobre la calle 25 de Mayo y fue gracias a la sugerencia de un amigo que descubrí la oferta gastronómica de este transitado sector de San Isidro. Acostumbrado al caos automovilístico durante el día (Tribunales de San Isidro, Centro Comercial, etc.) y el retraso en tiempo que presenta circular por sus atestadas calles, fue sumamente agradable encontrar lugar para estacionar en donde yo quisiera, inclusive sobre 25 de Mayo y frente a la puerta del restaurante. Realmente increíble! Y sin trapitos a la vista! Mejor imposible, así que ni se preocupen por donde estacionar ya que hay lugar de sobra para todo el mundo. Es así como nos bajamos del auto en la entrada de La Calle de los Naranjos (todavía sigo asombrado) y fuimos recibidos por una simpatiquísima moza que nos abrió la importante puerta de madera vidriada y nos ofreció la mesa que gustásemos para disfrutar de la cena, eligiendo por nuestra parte la que estaba junto a la ventana que da a la calle.


Ya cómodamente instalados y disfrutando del aire acondicionado del lugar (recordaran el calor y la humedad de anoche), se nos alcanzó unas simples y rudimentarias cartas que nos indicaban la oferta gastronómica de La Calle de los Naranjos. Pescados y carne dirigían la escasa variedad de platos, junto a las entradas y la carta de vinos que se encontraba anexada al menú principal. La verdad es que no sabíamos mucho de este restaurante y no sabíamos ni de sus especialidades ni de sus críticas. Igualmente no nos tomó mucho tiempo decidirnos ante los únicos cinco platos disponibles, optando por la Trucha con salsa de oporto, el lomo con anís y la ensalada caprese para compartir (aparece en las entradas). Para tomar se eligió agua para ambos.


Hecho el pedido y disfrutando del magnífico dip de pepinos con salsa tártara agridulce (muy parecida al aderezo para ensaladas alemán marca Khüne Salat Fix), comenzamos a notar lo relajante que es el ambiente de este restaurante, empezando por las viejas y cómodas sillas que estaban dispuestas para todas las mesas de forma alternada. La mesa, bien grande, alta y galantemente preparada con un largo individual de color bordo que se compartía entre los comensales, suave al tacto y estimulante a la vista. Notamos que las copas eran bajas y hacían juego con el plato para el pan (de vidrio transparente) en simple armonía, para que no acaparen ni dificulten la vista entre los comensales. El ambiente en sí esta preparado con inteligencia, lástima que la iluminación es débil y no lo demuestra; quizás con algunas velas u otro tipo de spots se podría mostrar como, los violetas y azules, logran fundirse de manera asombrosa con los individuales de las mesas, los ocres de las sillas y el grueso piso de madera… ni hablar de cómo la gran pared azul del extremo norte incorpora con maestría sus dos cuadros psicodélicos, generando luz en donde no la hay.


Acabado el dip de pepinos, se acercó la moza con nuestros tres platos, tomándonos por sorpresa ante la elaborada presentación de la comida. La trucha con salsa de oporto se encontraba cubierta de champignones junto al soufflé de papas. Al degustarla, fue una bendición sentir como esta salsa frutal no incidía en absoluto con el sabor del pescado de río lacustre, simplemente lo acompañaba evitando el exceso de uva, realmente espectacular. Los champignones acompañaban con su sutil sabor, mientras que el soufflé brindaba frescura y renovación constante frente a los sabores del pescado y la uva; se podía notar como poco a poco el soufflé perdía altura al enfriarse, mostrando su difícil y correcta elaboración. La trucha era fresca, obviamente con su respectiva grasa debido a ser de criadero, perfectamente cocida en su punto justo (y en el momento), sin roturas ni trazas de carne desligadas corroborando el experimentado criterio del chef. Por otro lado, mi lomo con anís era soñado. Sabía que me había arriesgado al pedir un plato con anís ya que, si el chef no conoce las propiedades de la semilla, termina contaminando la carne y quedando como resultado un perfecto lomo con sabor a golosinas DRF. En este caso el plato resulto ser victorioso, con un lomo bien a punto, cubierto de semillas tostadas de anís que habían perdido su intensidad con el calor y su cocción (aplausos!); las mismas le daban una costra crujiente y sabrosa, ideal para sentir un sabor novedoso y diferente en la carne que ya todos conocemos. Junto con la carne, una delicadísima cebolla dulce envuelta en panceta, acompañando de maravillas (quizás una mas en el plato seria genial) a una papa cocida al horno y decorada con una ramilla carbonizada de romero... impecable! Finalmente la ensalada caprese, generosa en tamaño, aportaba frescura con su albahaca, tomates secos, cherry y criollos; pero sus mozzarellas estaba viejas, grasosas, y degranables, presentadas en fetas grotescas y cortadas sin interés; este queso era muy parecida al cilindro de mozzarella La Serenísima que se vende en los supermercados para hacer pizza… una ensalada para olvidar y borrar del menú (para siempre).


Luego de haber terminado los paltos principales y disfrutando de la noche, solicitamos la carta de postres, decidiéndonos por el Volcán de Dulce de Leche y el Brulée de Limón. El volcán hizo que me arrepintiera de mi brulée, al ver como el dulce de leche caliente afloraba hirviente ante la primera embestida de la cuchara. Este volcán tenía una masa húmeda pero consistente, como la de un hotcake americano, tanto por forma como textura y sabor. Se acompañaba por una pequeña porción de crema chantilly coronada con crocantes de banana seca. Mi brulée de limón era de un sabor exquisito, con su caramelo sin quemar y en perfecta comunión con su suave acidez. Quizás el brulée se encontraba batido o revuelto en exceso, ya que su textura parecía mas a natillas. Igualmente estaba delicioso y acido en su punto justo.


Este restaurante presenta una cocina de muy buen nivel y para recomendar, pero con tres contradicciones en su desempeño que no logro entender: 1) La calidad de la comida muestra una dedicación por parte del chef que supera a gran cantidad de restaurantes conocidos, con platos de más de $57, en un ambiente logrado con dedicación y clásico diseño ribereño… pero presentados al comensal en cartas confeccionadas con simples fotocopias (mal hechas e inclusive con exceso de tóner!!!) encarpetadas, como si estuviéramos en alguna parrillita de verano en la intersección de la ruta 2 con la 63. 2) La ensalada caprese: no se entiende como se puede pasar de la compleja y perfecta combinación de carne con semillas de anís a las impresentables mozzarellas de la ensalada; hubiera preferido que dicho plato no se estuviera disponible, sentí que me estaban tomando el pelo. 3) En la entrada del restaurante dice COCKTAILS, pero no se ofrece ninguno.


La Calle de los Naranjos es un muy buen restaurante para recomendar, con una locación privilegiada y cómoda, su atención se destaca y sus platos logran deslumbrar al comensal. Ideal para ir en pareja (especialmente las recien formadas) o en grupos de mujeres, este restaurante esconde una fuerte dedicación e interés que pocos restaurantes ribereños aún conservan.


El Precio? Caro, pero lo vale: $192 en total. Se ordenó 1 entrada, 2 platos principales y 2 postres. Bebidas simples.


Datos útiles: teléfono 4747-6619, previa reserva telefónica obligatoria.




http://daytripper.fmrockandpop.com/files/2009/02/2009_febrero_day_tripper_la_calle_de_los_naranjos.jpg



http://www.revistatigris.com.ar/09_agosto/tigris_19.pdf

1 comentario:

  1. Quedé un poco confundida con las descripciones, pero igualmente voy a ir con mi novio a conocerlo. Creo que tiene descuento con CLNacion y despues te daré el feedback. saludos!

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